El innovador es el que reinterpreta y da vueltas con las herramientas que existen (2019)

El destacado cronista Juan Pablo Meneses es también el fundador de la Universidad Portátil: el único proyecto educativo online enfocado en descubrir, formar y conectar las nuevas narrativas latinoamericanas. Una apuesta emanada de su propia religión, “la religión portátil”, iniciada luego de la adquisición de una divinidad en la India y terminada con la publicación del libro que cierra la trilogía del periodismo cash: Un Dios Portátil (2020). A continuación, la conversación que sostuvimos en 2019 sobre la religiosidad como industria, los desafíos del periodismo portátil, de su paso por la Universidad de Stanford y de cómo innovar en oficios tan tradicionales como las letras. 

Se encontró con el futuro y eso, además de esquivar autos sin chofer, significó que le dijeran sí, podía ser. Que tener tu propio Dios era posible como muchas cosas que surgieron en Estados Unidos. No era chanta ni vende humo: no parecía raro. Fue así como le entregaron altas expectativas financieras que, escuchándolo, las imagino aunque no crea que sean mayores a la temperatura de este café con tapa. 

Luego de un viaje a la India, donde compró su Dios, luego de participar de la beca JSK para fortalecer emprendimientos periodísticos en la Universidad de Stanford otorgado gracias a su Escuela de Periodismo Portátil fundada en 2009, luego del primer borrador, escrito en los descuentos del 2018, Juan Pablo Meneses habla de su libro. 

El cierre de la trilogía del “periodismo cash”, como lo llamó. 

De voz ronca y un rostro que se ilusiona cada vez que le cuentas algo, este periodista se define antes como “cronista”, como aquellos que serán leídos por los historiadores del futuro. El también autor de La vida de una vaca (Planeta, 2005) y Niños Futbolistas (Blackie Books, 2013), textos donde adquirió a “la Negra” y buscó representar a una joven promesa, comenzó a documentar la sociedad de consumo comprando al protagonista de su relato como método de reporteo. Tuvo críticas por eso, reconoce como mirando hacia atrás, como también por situarse en lugares que supuestamente no le correspondían. 

«Con el primero, porque era chileno y no tenía idea de la industria de la carne, terminé dando una charla frente a los ganaderos de Rosario. El de fútbol, que no tengo idea, me llevó a hablar en la FIFA. Con el de ahora, terminé becado en el Centro de Religión y Medios de la Universidad de Nueva York», dice para explicar la fórmula.  

Hacerlo de una manera que no se haya visto y que funcione. 

«Al final, contaba la misma historia de otra manera. Hay una necesidad de nuevos relatos que ayudan a darnos cuenta que, en realidad, no es lo mismo. Como autor siempre busqué un punto de vista distinto pero con temas tan grandes, infinitos, que no terminan nunca». 

Meneses compró su Dios en India, “un verdadero shopping abierto de espiritualidad. El 80% de los turistas llegan por una respuesta espiritual y ese porcentaje es mucha plata. Mucha gente que llega a una industria”. En Estados Unidos, compara, la religión significaba más dinero que Google y Facebook juntos. 

Sin haber publicado el libro ya ha dado charlas y reflexiones sobre su libro, además de entrevistas en medios chilenos y extranjeros. «Nunca me habían entrevistado tanto por un libro que no existe. Creo que estamos en un punto de innovación donde no será necesario que estén, aunque los editores jóvenes pero de mentalidad ultraconservadora y que siguen cánones de una industria que admiran de niños te digan que es una locura», expresa. 

Habiendo presentado en la Feria del Libro de Rosario, en tres ciudades de Perú y próximamente en la FILBA, hace una comparación con las publicaciones de arte a partir de una exposición que ya se hizo. Que tuvo algo de itinerante. 

«Estoy pensando en una nueva no ficción donde lo importante sea hablar de lo que saldrá escrito y que termine cuando se publique el libro. De hecho, cuando salga no haré presentación. Sí una gira, iré a muchas ciudades y países, pero a despedirlo». 

–Suena disruptivo, porque lo esencial para ser un escritor es que lo lean, con algo ya publicado. Lo de Ud. es al revés. 

–Por eso también la religión terminará con un libro y no como las otras. Hoy vivimos un auge en el fanatismo de los evangélicos, que andan con uno en la mano, al igual que los musulmanes. El libro que publique será un resumen de lo que existió. He estado entre cuatro a cinco años en esto y me he dado cuenta que cambia la industria y obviamente te atacarán quienes son funcionarios de ella. Quizás todos los libros se vuelvan así y en mayo hablaré de este libro que no existe pero que existe. Ahora que lo pienso, tendría lógica y no porque lo haga yo que los autores deberían hablar de los libros en que están trabajando. Que salgan de esa sala y alguien les diga que tiene un dato. ¿Por qué la labor del escritor o cronista debe ser encerrada?

–¿Cómo Ud. ve a la industria del periodismo, tan tradicional en sus oficios, con respecto a la innovación? 

–Una de las cosas más brutales que me pasó, como de choque con la realidad del mundo actual, fue que llegué a Stanford el año pasado y visité los distintos campus. Obviamente, en el que más estuve fue el de periodismo, donde hablé con el director y le pregunté por el foco de la institución. Me dijo que el centro era como el de cualquier escuela de periodismo: uno de emprendimiento. Venía de Chile, donde todos dicen hacer escuela para investigar y nunca se hace. Para decir la verdad, donde nunca se termina haciendo eso. Donde los directores no pesan nada, funcionarios burócratas preocupados de cambiar ampolletas o pedirle al profesor que llene rápido las notas. No se entiende el emprendimiento y la innovación como parte de la carrera. 

–¿Qué reflexiones sacó de eso? 

–Todos los grandes emprendimientos de periodismo han funcionado no por garra, por corazón o crowdfunding. Los sitios serios, con lucas, son de gente que no es periodista. El de aquí, y me encanta que sea así, piensa en su obra y no en ensuciarse las manos con plata y no sé qué. Pero eso hoy en día no existe. Veo gente llorando porque han despedido a mucha gente de los medios y dan su pésame. Yo les diría lo contrario, le daría el pésame a los que se quedaron porque terminarán haciendo dos o tres veces la pega de los que echaron y por el mismo sueldo. Los medios tradicionales van a desaparecer como los conocemos. 

–¿Piensa en replantear el oficio? Acá en Chile existe LaBot, que mezcla tecnología con periodismo… 

–Con ese tipo de ejemplos me pasa que son mucha tecnología, la que pasa muy rápido. De mis primeros libros, Equipaje de Mano: crónicas de viaje (Seix Barral, 2003) lo escribí en cibercafés. Para mí era algo fenomenal tener mi propia oficina en esos lugares pero han pasado los años y hoy casi no existen. ¿Qué terminó sustentando esos relatos? El contenido. No la tecnología. Al comienzo era qué loco, podía escribir ahí pero hoy puedo hacerlo en el teléfono y quizás el día de mañana sea en mi cabeza mientras corro. Con LaBot no sé si su fuerte es el contenido o la particularidad tecnológica, pero si es esta última podría aconsejar, si alguna vez me escuchan, que lo importante es el contenido y no el último chiche tecnológico porque dura seis meses. 

En una entrevista anterior, me comentó de una manera de reportear que Ud. emplearía: escuchar un disco de The Beatles. ¿Le funcionó?

–Sí, fue el Álbum Blanco (1968) que hicieron en India. Cuando estuve allá lo escuché todo el tiempo y dejé de hacerlo cuando me fui, retomando cuando me puse a escribir un capítulo en específico. Me puse los audífonos, tomé mi libreta de apuntes, vi fotos y todos los folletos con la hoja en blanco al frente. Apreté play, me puse como en una nave y estuve ahí. Hay una memoria auditiva que no te enseñan, pero cuántas veces escuchas una canción que te lleva a un lugar casi como si estuvieras ahí. 

–Eso me parece interesante porque, en sí, escuchar un disco no es algo innovador, pero aplicarlo en su investigación, retratando tu experiencia, sí puede serlo.

–La innovación no es inventar, porque ahí te defines como inventor. El innovador es el que reinterpreta y da vueltas con las herramientas que existen. Es un reciclador. Algo que me motivó a hacerlo así es el desamparo brutal en que están los periodistas, sobre todo en las salas de redacción. En Stanford hice un censo de periodistas freelance en español y el 80% se mostró optimista, mientras que los otros eran pesimistas. Además, no creen en nada, hablo de eso de que el periodista debe desconfiar. 

–¿Y es crítico de eso?

–Soy víctima de eso. Me formé como periodista escuchando eso de que el que menos cree es el más bacán. Y yo quiero creer. ¿Cómo lo hago?

–¿Por eso Ud. fundó la Escuela de Periodismo Portátil? ¿Para innovar en este oficio?

–Estamos hablando hace 10 años, que en términos tecnológicos puede ser la prehistoria. Había mucha gente, los más jóvenes, que felicitaban la idea. Los poco más mayores se preguntaban cómo iba a ser una escuela online y era cierto que hace 10 años era difícil buscar alumnos, pero ahora cualquiera tiene cursos online. Puedes estudiar una carrera o master así. De hecho en Stanford tenían pensado que en tres, cuatro años toda la universidad será en línea. 

–¿Así lo cree? 

–Igual estará la facultad, las clases y los dormitorios, pero si el alumno quiere se queda durmiendo y tendrá todo el respaldo digital. Siempre me ha gustado esa vida, esa existencia híbrida en que no creo que todo sea online como tampoco offline. No digo que sea un triunfo mío, hay muchos que también hicieron lo mismo, pero no olvido a todos los que no les gustó.

–De seguro fue por la época. En 2009 con suerte había Facebook, muy pocos smarthphones y un acceso a internet muy distinto al de hoy en día. Sin lugar a dudas que el alcance tecnológico era otro. 

–Claro. Suponte, tampoco había Zoom. Antes las plataformas eran precarias y con la duda si se caían o no. La cosa va evolucionando. El objetivo de esta escuela y de su trabajo es detectar y promover nuevos autores. Para eso tenemos el premio Nuevas Plumas, donde puede concursar cualquier persona. También, acceso a cursos con grandes profesores de la crónica. Al final, es un acceso democrático a la información con su trabajo online. Me pasa que cuando hablo con alguien que mira con reticencia esta modalidad lo termino viendo como una persona arcaica. Como esa gente que todavía habla en contra de Internet. El innovador debe ser alguien acostumbrado a la crítica, sobre todo a las de los conservadores.